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Reportaje de el Mundo Papel sobre Familias rotas por la Violencia de Género

PERDER A UNA HIJA: “ROCÍO ES TODAS. ELLA NO PUEDE QUEDARSE EN UNA CAJA”

Lucila: «Estoy rota todo el año, pero noviembre me resquebraja. El espejo roto lo dice todo. Han pasado 10 años y aun hoy hay ratos en que pienso que no puede ser. Yo he tenido a Rocío aquí, justo aquí, la he visto entrar y salir, y ahora no la veo. Siento un escalofrío. Siento vacío, soledad, impotencia. Sobrevivo, pero esto me mata. Estoy viviendo una vida irreal».

Félix: «Me da rabia que nos hayan enseñado que los hombres no lloran, que es de niños. No puedo llorar, Lucila sí tiene esa suerte. Como mucho, se humedecen mis ojos. El crimen nos ha cambiado la vida y hasta las relaciones entre nosotros. Este mes es muy conflictivo. No nos decimos una palabra más alta que otra porque estamos sensibles».

Lucila y Félix, pareja de tristezas.

Lucila y Félix, pareja de bravuras.

El 30 de noviembre de 2008, tras cuatro años de noviazgo, Jairo Cortés mató a cuchilladas a Rocío López Agredano. Lucila y Félix, padres huérfilos.

Y hay un tercero, Félix hijo, el hermano de Rocío, exiliado laboral y emocional a Inglaterra, tan apenado y corajudo como sus padres, tan víctima como tantas.

Félix padre conserva la hoja donde los policías que llamaron a la puerta aquella noche habían apuntado el número de diligencia del caso y el teléfono de la comisaría. «Dijeron que al día siguiente nos dirían qué pasó. Y se fueron. Desde entonces me pregunto si estamos soñando».

Es la vida irreal de la que habla Lucila. Una biografía que nació la noche en que Félix vio en televisión la noticia de una joven de 25 años asesinada en Castellón…

«Pasamos dos meses sin salir de casa. El día que mataron a Marta del Castillo, Lucila dijo: ‘Voy a pelear. No me quedo en casa. Hay que crear algo’». Y así nació Afalvir, una asociación de ayuda a familias de víctimas de la violencia machista, un colectivo de combate, unas siglas incansables.

«Hacemos un memorial de gimnasia todos los años, una función de teatro en homenaje a las víctimas, un concurso escolar de redacción… Vamos a los institutos; yo hablo de la violencia de género y Lucila les habla de nuestra hija. Les enseñamos fotos de Rocío para que vean que es una persona, no una cifra. Nos concentramos los últimos jueves de mes. Estamos en la comisión de seguimiento del Pacto de Estado en la Comunidad Valenciana. Y hemos hablado con políticos para dos cosas: que haya una asignatura troncal de igualdad porque los niños de hoy serán las parejas de mañana y estamos perdiendo años clave, y que los delitos de violencia de género se equiparen al terrorismo».

Éste es el apartado del coraje, el sitio donde Lucila y Félix abordan a un magistrado que hoy está en el CGPJ para decirle que si los médicos tienen una especialidad, por qué no hacer un MIR judicial de tres años para formar a los jueces en violencia machista. «Nos dijo que ya estudian el tema un año y nos despachó».

Es el sitio donde Félix y Lucila se pelean con el Ayuntamiento si no les cede el teatro, les niega ayuda para una investigación con la universidad o retrasa un monumento a las víctimas de violencia machista. «Las familias molestamos».

Porque tienen una deuda que les habla sin hablar. «Mi hija sigue viva. Yo hago esto por ella y todas las víctimas. Yo no la veo como un individuo, sino como una persona que trasciende», dice la maestra Lucila. El ingeniero Félix admite que es difícil de entender. «Por Rocío hicimos lo que pudimos, pero ella está presente porque hay muchas mujeres que están sufriendo. Es como una visión de algo real».

Cuando empezó su segunda vida, Lucila dejó el trabajo y Félix emigró a Irán y Argelia, cuatro años dirigiendo fábricas y digiriendo lágrimas.

Félix: «Lucila y yo hablábamos todos los días por Skype y nos dábamos ánimos. Y rezábamos por las noches. Como seguimos haciendo».

Hoy, 10 años después de aquel noviembre, Lucila y Félix siguen en el abrazo de los psicólogos y de la chapita con la cara de Rocío que prenden en su pecho todos los días.

Lucila: «No han pasado 10 años, pasó ayer. No hemos soltado a Rocío. Ella no puede quedarse en una caja, debe existir un cielo, un sitio que la recompense por lo que fue».

Artículo completo: Familias rotas: la onda expansiva del asesinato machista.

Artículo escrito por: Rafael J. Álvarez

Crédito de la foto: Alberto Di Lolli

 

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